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Yo y mi amada esposa

Mi nombre es Juan Carlos el melanalítico y te ayudaré encontrar con alternativas prácticas que no los hay en otro lugar, tus temperamentos. Es un método innovador. Exploremos, ven y verás. Gran fuente con dechadas de virtudes.

Luego de varias décadas estudiando y aplicando los principios básicos de la psicología clínica, enfoques filosóficos, y la consejería decisional proveniente de la macroeconomía, encontré qué es aquello que me describe diferente a otras personas de manera pudiera evitar los prejuicios contra ellos o ellas. Así elaboré un medio para descubrir los temperamentos fundamentales de las personas. Rasgos temperamentales que me distinguen de los demás y desde aquí poder fructuosamente lograr buenas relaciones interpersonales. Conociendo los temperamentos particulares de uno mismo, logré crear un mejor vínculo armónico con los demás en mi entorno, y me liberé de ideas injustificables del actuar humano del cual yo no tengo control. Perdonen la redundancia pero solo yo, decido mi actuar y responsable de sus consecuencias. Abundaremos sobre estos conceptos en adelante.

BREVE HISTORIA DE LOS TEMPERAMENTOS

Escuche una pequeña narración antediluviana donde Caíno no entendía la razón del temperamento de Abelo. Caíno jactado de las virtudes de Abelo que era tan buen pensador y tan devoto a los valores, al extremo que le atormentaba tanto y no le permitía dormir. Opto un día deshacerse de esa persona de su vida y consideró que todo iba a ser más llevadera sin esa clase de gente. Lamentablemente, volvió a toparse con varias personas semejantes; con muchos vecinos que debía tantear y con familiares del mismo temperamento de Abelo. Ésta anécdota es algo fuerte. La realidad es que empezamos a toparnos con personas de diferentes temperamentos desde el desayuno, hasta el anochecer. Todos tenemos esta experiencia, que no es ingrata o desafortunada, sino fortuita y bien, es muy humana. Nos podemos situar en ocasiones similares, con personas semejantes. Cómo conseguir tantear con ellos, es el arte perceptual de nuestros pensamientos y no prejuicioso al indagar sobre los temperamentos.

Los temperamentos son descripciones del actuar humano muy común. No obstante, anquilosada con nuevas teorías de la conducta humana, con esta herramienta no convencional, se puede superar muchos escollos y mejorar nuestros juicios del otro.

Históricamente, encontramos en los anales históricos de los humores – como se conoció antes los temperamentos -, que ellos, los temperamentos, han sido originados por Hipócrates Cos (460-336 a.C.) y el señaló diferente a lo establecido para esa época que el ser humano se regía por la influencia de agentes internos cuya lista fue confeccionada por el filósofo Empédocles (cerca del 450 a. C.) quien ilustraba todo conocimiento basado en cuatro elementos generales: aire, fuego, tierra y agua. La conducta era determinada por unos fluidos internos (cualquier parecido con las corrientes mentalistas de la conducta de nuestra era, es pura coincidencia), describió como la bilis-roja (o sangre; sugerido como San-guíneo), la bilis-amarilla (Col, colérico), la bilis-negra (Mel, melancólico) y la bilis-blanca el flemático, que luego el médico griego Claudio Galeno de Pérgamo (actual Bérgamo, en Turquía; 130?-216?) cuña conceptos sobre los fluidos como temperamentos Sanguíneo, Colérico, Melancólico y el Flemático con sus rasgos particulares que parten de sus estudios relacionados con la tercera ‘virtud-anímica’ del espíritu (pneuma) animal, cuál considera como el superior, con sede en el cerebro, y cuyas virtudes y operaciones más complejas, de carácter mental, serían las características del ser humano» (Galeno, Wikipedia). Nicolás Culpeper (1616-1654) fue el primero en diferenciar dos conceptos fundamentales que habían sido reconocidos desde el tiempo de Hipócrates pero sin sus debidos contrastes. Primero, él rechazó la idea que los cuatro «humores» eran la causa del temperamento de una persona. En segundo lugar, fue el primero en decir que una persona actúa con base en dos temperamentos, uno primario y otro secundario.  Antes de Culpeper, se creía que una persona tenía solo un temperamento. Recordando que la palabra temperamento viene de la palabra  latina «temperamentum», que significa «mezcla correcta». El temperamento ya no se estudiaba como uno sino varios de ellos combinados. Los antiguos griegos observaron en la gente y concuerdan que actuaban con rasgos comunes y con estilos de vidas diferentes (sin finalidades predictivas). Sus observaciones fueron apoyadas en siglos posteriores por una amplia variedad de pensadores incluso médicos y filósofos como Immanual Kant (1724 – 1804). Recuerde que ninguno de los grandes eruditos de este enfoque por más de un milenio y medio indicaran que alguno de los temperamentos sean malos unos y buenos otros, únicamente se limitan a indicar que cada uno de nosotros tenemos temperamentos y uno de ellos es primario. Lamentablemente en la era del utilitarismo luego de la revolución industrial, desde mediados de los 1800, cuando inescrupulosamente se acrecienta el interés de sacarle beneficios capitales a estos hallazgos ancestrales, comienza su comercialización.

A principios de los años 1900 el método científico fue aplicado por William M. Marston (1893-1947) con los mismos resultados y un enfoque por rasgos morfológicos. El concepto ha sido observado durante años y verificado por la ciencia conductual que las personas forzosamente se pueden categorizar y cada uno describe los cuatro temperamentos básicamente idénticos. Al presente, sabemos que todo el mundo tiene sus temperamentos combinados. Grandes industriosos pensadores como David Keirsey, John T. Cocoris, Florence Littauer, Tomás S. Szasz, Stephen Montgomery, Tim LaHaye, y George A. Kelly (1905-1967) quien fue un psiquíatra estadounidense, pionero de las teorías cognoscitivas con acercamiento a la personalidad y creador de la Teoría de los constructos personales (1995/1991; 2001). Norman Matlin (1916-2001) ayudó a esta corriente defendiendo el libre albedrío y la tomas de decisiones del ser humano en su enfoque no determinista de la conducta humana mediante el análisis de toma de decisiones con «Terapia del Papel Fijo»; «La Consejería Dramática» (Matlin, 1983a); «Terapia de la Realidad», consejería lógica, y otros.